por Iñaki Errazkin @Errazkin 

Cuando Gabriel Rufián lanzó su llamamiento a un “frente de confluencias” con la autodeterminación como punto irrenunciable, muchos esperaban que EH Bildu fuera el primero en aplaudir. Al fin y al cabo, la formación abertzale es la izquierda hegemónica en Gipuzkoa, Bizkaia, Araba y Nafarroa.

Según las simulaciones, una lista única liderada por EH Bildu en los cuatro territorios sumaría escaños netos al bloque plurinacional. ¿Por qué rechazar entonces lo que, sobre el papel, les beneficia?

Porque EH Bildu entiende algo que Rufián parece olvidar: la soberanía no se negocia en pactos provinciales. Se construye desde el pueblo y para el pueblo. Y su estrategia (rechazar cualquier “nuevo artefacto electoral estatal”, como lo definió Oskar Matute) no es egoísmo ni falta de generosidad. Es coherencia política, inteligencia estratégica y, sobre todo, respeto a su propio electorado.

Primero, la identidad. EH Bildu no es un partido “de izquierdas con acento vasco”. Es un frente amplio soberanista, abertzale e independentista construido desde Euskal Herria. Su ADN es la defensa del derecho a decidir, el euskera, los derechos sociales y la desmilitarización del conflicto. Integrarse en listas mixtas o aceptar un liderazgo “estatal” diluiría ese perfil nítido que les ha permitido crecer hasta disputar la hegemonía al PNV.

Matute lo dijo con claridad meridiana: “No hay que confundir unidad de acción política con unidad de organización”. Apoyan coordinarse en el Congreso contra la extrema derecha, pero no diluirse en un proyecto ideado desde fuera.

Segundo, la aritmética real. Sí, EH Bildu podría arañar algún escaño extra en Nafarroa o Araba si Sumar y Podemos se retiran. Pero esos votos “prestados” de la izquierda estatal son marginales (alrededor de un 5 % en Euskadi) y no viajan bien: muchos son unionistas o federalistas que nunca votarían una candidatura abertzale pura.

A cambio, EH Bildu arriesgaría desmovilizar a su base independentista, que ve en cualquier pacto con “la izquierda española” un paso atrás. Su crecimiento orgánico de los últimos años (consolidado sin necesitar “regalos” externos) demuestra que ir solos les funciona mejor que cualquier confluencia forzada.

Tercero, el principio plurinacional. Rufián habla de “España plurinacional”, pero su propuesta huele a centralismo invertido: los soberanistas lideran “en su casa” a cambio de sumarse a un bloque común.

EH Bildu responde con coherencia: el verdadero reconocimiento plurinacional pasa por respetar que cada nación construya su propio proyecto político sin subordinaciones. Por eso llaman a una candidatura conjunta en Euskal Herria con quien reconozca la autodeterminación (incluido el PNV si acepta condiciones), no a un frente estatal donde ellos serían el “socio periférico útil”. Arnaldo Otegi lo resumió: “Nuestro proyecto es y será por y para Euskal Herria y su gente”.

Cuarto, la experiencia histórica. EH Bildu ya ha demostrado que la unidad de acción sin fusión orgánica funciona: coordinan con ERC y BNG en las europeas, votan juntos en el Congreso en temas clave y frenan a la derecha cuando toca. No necesitan una marca común para ser eficaces. Al contrario, mantener su independencia les permite negociar desde la fuerza, no desde la debilidad de quien “se retira” para que otro sume.

La izquierda jacobina acusa a EH Bildu de “egoísta territorial”. Es el argumento fácil de quien no entiende que para los pueblos sin Estado, ceder soberanía electoral es ceder soberanía política.

EH Bildu no está “para solucionar los problemas de la izquierda española”, como dicen fuentes de la formación. Está para construir una Euskal Herria mejor, más justa y más libre. Y desde ahí, tender puentes cuando convenga.

Rechazar el plan Rufián no es cerrarse. Es elegir el camino más difícil pero más honesto: mantener la bandera alta, y la identidad y la capacidad de movilización intactas.

Mientras otros discuten siglas y provincias, EH Bildu sigue creciendo en las urnas vascas porque su estrategia es clara: primero Euskal Herria, después el resto. Y en política soberanista, ese orden no es capricho. Es supervivencia.

Si la izquierda plurinacional quiere de verdad sumar, que empiece por respetar que cada pueblo decida cómo y con quién. EH Bildu ya lo ha decidido: con sus siglas, con su gente y con su proyecto. Y esa, hoy por hoy, es la estrategia más inteligente que pueden tener.