Raúl Arkaia, Verónica Domingo y Txema Landa,
2008.11.12
…Zu zara nere anaia itxaropen eta beldurra…
…Lore bat da nere hitza dardarres dakarkizu…
…Gau luzearen begiak hor daude zuri so…
Las migraciones constituyen un fenómeno social de primera magnitud en el mundo contemporáneo a causa del aumento de la interdependencia económica internacional, entre otros factores geopolíticos. Pero también gracias al avance de los medios de comunicación y de transporte, así como a la creciente conflictividad mundial que genera un número cada vez mayor de refugiados y desplazados.
Los movimientos migratorios, normalmente no voluntarios sino impulsados por motivos políticos, sociales, económicos, etc…, producen en la población que migra y en la población de acogida miedos y reservas hacia el otro, el diferente, el recién llegado. Se trata de sensaciones negativas que en tiempos de bonanza económica se toleran, pero que en situaciones de crisis se agudizan. Es decir, el fenómeno se vive con naturalidad en situaciones en las que la población de acogida tiene capacidad de decisión sobre el hecho migratorio, y se agudiza cuando no es así.
En el caso de Hego Euskal Herria, los vascos estamos privados de poder político. De hecho, el fenómeno migratorio se produce en una situación en que nuestra lengua y nuestra cultura sufren un impasse que sitúa a ambas al borde del precipicio.
No sabemos por qué motivo, cuando se habla de inmigrantes, los medios de comunicación se refieren sólo a los no nacidos en el estado español. De hecho, en nuestro caso sólo suponen una parte de la población total, mientras que los nacidos en otras Comunidades Autónomas constituyen un numero mucho mayor de la población de Euskal Herria.
En los versos de Xabier Lete se plantean algunas de las claves en las que se deberá desarrollar nuestra actitud de acogida a los que llegan. Ellos son nuestros hermanos, nuestra esperanza y nuestro miedo. Debemos acercarnos, darnos a conocer y ofrecerles esa flor más allá de que lo hagamos con mano temblorosa. Debemos brindarles nuestra cultura y, asimismo, aprender de sus culturas. Debemos hacerles saber que estamos pendientes de su actitud hacia nosotros, por que con ellos y su ayuda nos jugamos nuestro futuro, que será el suyo, si ellos quieren y se los permitimos.
Hemos de hacerles saber que han llegado a un país sometido en proceso de recuperación de su soberanía nacional; que luchamos para recuperar nuestra lengua y nuestra cultura; que, como pueblo minorizado que somos y sensibles a todas las demandas de otros pueblos, también lo somos a su demanda de trabajar con nosotros por el tiempo que ellos quieran y en las mismas condiciones que nosotros; que, si su situación personal y su grado de bienestar entre nosotros les satisface, pueden quedarse; y que, si lo desean, pueden regresar a su país cuando lo estimen oportuno (eso sí: sin olvidar llevarse en su bagaje personal nuestra cultura, sentimientos y reivindicaciones y sin olvidar dejarnos su cultura y solidaridad).
El niño andaluz al que Xabier Lete canta, así como sus hermanos, crecieron en Euskal Herria; y sus hijos e hijas se escolarizan en el modelo D, algunos de ellos con serias dificultades, ya que en Nafarroa la oferta es incompleta y está presente sólo en algunas zonas. Hicieron amistad con gentes del pueblo y se reconocen a ellos mismos como vascos de origen andaluz. Por su parte, los padres, al jubilarse, regresaron a Andalucía, pero regresan periódicamente de visita.
Un pueblo como el nuestro, que ha emigrado tanto por motivos tan distintos y hacia lugares tan lejanos, no puede tener otra actitud hacia la inmigración que no sea la de una amplia apertura, una cordial acogida y una cálida solidaridad. La integración no puede entenderse como asimilación del recién llegado a nuestras costumbres, sino como complemento mutuo de sensibilidades y culturas que nos permita construir una nueva sociedad capaz de resolver sus conflictos y hacer frente a las adversidades. Así lo hicieron los vascos y vascas que viven hoy fuera de Euskal Herria y que colaboraron al surgimiento de nuevas sociedades. Nos referimos a esa diáspora que se reconoce como vasca, pero también argentina, estadounidense, venezolana o catalana.
De nosotros depende que haya más niños andaluces como el de Xabier Lete; o que haya más bertsolaris como Jon Maia o los hijos de salmantinos Xabi, Fredi e Itxaso Paya; que sean hijos de latinoamericanos, saharauis, africanos, o bien hijos de la diáspora retornados y recibidos en Euskal Herria.
Firman este escrito:
Raúl Arkaia, Verónica Domingo y Txema Landa,.
Miembros de EUSKARIA FUNDAZIOA.